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En estos tiempos de economías abiertas, innovación  y alta competencia, queda claro que los usos y costumbres no son ya de gran utilidad.

En México, el grueso de nuestros empresarios tienen usos y costumbres de comerciantes tradicionales y de esa forma han construido desde pequeñas y medianas empresas hasta grandes.

Sin embargo,  se dan cuenta que año tras año han venido perdiendo competitividad y rentabilidad.

Estas empresas han sobrevivido  y siguen en pie porque seguimos todavía con la inercia de una economía cerrada con un gran respeto a nuestras costumbres y tradiciones. En la demanda, pero sobre todo en la oferta.

Nuestros jóvenes, la mayoría,  siguen buscando empleo, ya sea en una gran corporación o en el gobierno, ya de pérdida en una PYME. Poner un negocio es la última opción. Tal como lo pensaron sus padres.

Esta costumbre de ver a la actividad empresarial como última opción para ganarse la vida  ha propiciado que nuestros empresarios-comerciantes sigan en el mercado con usos y costumbres ineficientes,  ya que no tienen una competencia real, no como la que menciona Schumpeter  respecto de la creatividad destructiva.

Sus competidores actuales siguen los mismos usos y costumbres. (Casi) se respetan entre ellos. No quieren mover el agua.

Si ponemos atención,  en cada sector se puede observar la sub atención, el sub servicio. Lo cual solo espera  la llegada de un nuevo oferente ambicioso, innovador  y agresivo para sacar a los oferentes actuales del juego sin mayor complicación.

Y créanme, si no es nacional,  será extranjero. La pregunta no es si vendrá este tipo de competencia avasalladora, no. La pregunta es cuándo. ¿Cuándo llegará a mi sector?, ¿Cuándo tocara mi puerta?  No falta mucho.

La reflexión fundamental: ¿Está mi empresa lista para sobrevivir el embate?

El mercado mexicano crece y se hace atractivo a las grandes corporaciones extranjeras y nacionales. La clase media se abre paso a punta de crédito y alto riesgo pero continúa su crecimiento. Es un consumidor que tiene hambre de valor agregado. Está dispuesto a pagarlo.

Todos quieren un trozo del pastel   del creciente  del consumo mexicano, mal y sub atendido. Por ejemplo Uber.

Es momento de reestructurar nuestras empresas

Reestructurar una empresa implica todo un cambio de perspectiva. Pasar de usos y costumbre a actividades profesionales. Parecido a la entrada de aire fresco,  que viene a renovar las ideas, los objetivos y a despertar las ambiciones de los empresarios para emprender la tarea de ponerse al corriente e iniciar  un recorrido en pos de obtener alta rentabilidad, mayor riqueza y valor de mercado.

Adaptarnos con éxito a las nuevas características del mercado. Ya como empresarios profesionales, no como comerciantes.

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