Recientemente ha resurgido con gran fuerza una discusión añeja de un tema de la profesión contable en todo el mundo. El tema central de la discusión es el papel de los auditores como asesores y consultores.

Y la discusión se detonó en Sudáfrica debido a la supuesta mala gestión financiera del banco VBS Mutual Bank, cuyos registros contables eran auditados por la firma KPMG, una de las cuatro firmas gigantes de servicios contables de auditoría: Deloitte, PricewaterhouseCoopers (PWC), Ernst & Young (EY) y  KPMG.

Y el problema no es que las irregularidades financieras del mencionado banco  hayan pasado frente a las narices de la firma auditora KPMG, el problema es que no es la primera vez en lo que va de este siglo en que las cuatro firmas globales de auditoria se ven envueltas en tremendos escándalos financieros como los de  Bankia y Caja de ahorros del Mediterráneo, en España,  Wells Fargo en los Estados Unidos y Rolls-Royce en el Reino Unido. Y no olvidemos los ya memorables casos de Enron y Worldcom.

Y en México tenemos el caso oscuro  del FOBAPROA. Una incógnita histórica.

Sin embargo, en México,  el enfrentamiento de las firmas auditoras no fue con los reguladores de los mercados financieros. El enfrentamiento fue con el SAT por el tema impositivo.

Ahora, el tema añejo al que me refiero desde el principio, motivo de la discusión,  es esa práctica añeja de los profesionales contables de la auditoria que es la de ser juez y parte a la hora de revisar las cuentas y situación financiera y fiscal de sus clientes.

Para hablar más claro, un auditor es, o debe de ser, un agente independiente e imparcial, el cual otorga a los diversos interesados en una entidad, pública o privada, una opinión independiente e imparcial respecto de la corrección, o no,  de los registros contables y la situación financiera de dicha entidad.

Sin embargo, casi en todo el mundo, el auditor se ha convertido en un asesor y consultor también. Otorga a sus clientes asesoría y consultoría en materia fiscal y financiera, y al mismo tiempo audita sus cuentas,   lo cual por obvias razones, crea un conflicto de intereses y por lo tanto debería estarle prohibido realizar.

La discusión toma revuelo pues, derivado de este reciente caso,  voces de los gobiernos de los Estados Unidos y del Reino Unido, entre otros muchos, ya apuntan a la división y separación de los servicios de auditoría y consultoría o asesoría. Es decir, que las firmas de auditoría, por ley, no puedan dar servicios de consultoría o asesoría. Y viceversa.

En México, por varias décadas los auditores se convirtieron en los asesores empresariales por excelencia. Sobre todo en materia fiscal. Ya que la ley fiscal (Código Fiscal de la Federación)  obligaba a los contribuyentes con cierto monto de ingresos a auditarse para efectos fiscales por un contador público registrado (CPR). Lo cual, con el tiempo, se volvió un juego en contra del erario público, ya que prácticamente se contrataba a un auditor para pagar menos impuestos o no pagarlos. Lo que llevo en la práctica a una gran cantidad de auditores a convertirse en tapaderas y cómplices de sus clientes. Lo cual llevó, entre muchas otras  cosas, a una baja recaudación crónica de impuestos por parte del gobierno federal.

Y eso tuvo como consecuencia la ejecución de  consecutivas reformas a la legislación  fiscal  hasta llegar hoy a dejar a los  auditores prácticamente fuera del esquema fiscal.

Lo que podemos reflexionar es que los tiempos cambian y ya no son aquellos en los que se requerían personas con honradez, prestigio e independencia para que dieran fe pública de que algo era correcto o no. Ese tipo de confianza ya no está en las personas.

Hoy son tiempos en los que se requieren sistemas, mayormente informáticos y electrónicos, que garanticen la corrección de los actos y transacciones de las personas  en materia financiera e impositiva. De ahí del éxito del blockchain.

No cabe dudad que estos escándalos nos  acercan más a lo que en breve será una realidad. La profesión contable, en la parte de registro de operaciones y auditoría, se acabará fusionando con la informática y las TIC´s.

Su futuro es la asesoría y consultoría en temas fiscales y financieros que incrementen la eficiencia y rentabilidad de las operaciones de los negocios.

Los tiempos ya cambiaron.

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